LA PARADOJA DE LA INTERNACIONAL JUDEOCOMUNISTA Y EL COVID 19

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Mientras que algunos de los gobiernos de los países más ricos del mundo cierran fronteras, donde mueren, agonizan o languidecen miles de refugiados hacinados a sus puertas; mientras algunos países despliegan ejércitos poniendo en riesgo a sus militares y población en origen y destino, sin ningún tipo de protección contra la pandemia, salvo millones en armas y equipamiento bélico que mantiene a flote el complejo militar-industrial, y envían decenas de miles de soldados (Defender Europe 20 y otras operaciones) a países llamados aliados, vasallos a la sazón, para reforzar su dominio aprovechando la situación de emergencia; mientras algunos establecen, mantienen o endurecen bloqueos o sanciones económicas, actos de guerra contrarios al derecho internacional y a resoluciones de las Naciones Unidas, a otros países especialmente vulnerables, pobres y/o en desarrollo o especialmente afectados como Irán, China, Cuba, Rusia, Corea de Norte, Siria o Venezuela entre otros, cuyos pueblos sufren a sus gobiernos como nosotros a los nuestros, y que en tiempos de “paz” supone, como es evidente y esta comprobado y contrastado por organismos internacionales, el incremento del sufrimiento de la población, aumento de la mortalidad infantil, escasez, aumento de la morbilidad, falta de alimentos, de medicinas y pobreza mientras que no afecta, en términos generales, a sus díscolos lideres de gobiernos a los que se quiere castigar por llevar a cabo políticas contrarias a las de la ortodoxia impuesta; mientras hay quien azuza el racismo y la xenofobia aprovechando la situación ocultando tras este miserable velo su propia inoperancia criminal; mientras algún país rico invierte en “Defensa”, irónico término que siempre ha significado lo contrario, más que el resto de países del mundo en su conjunto, a la vez que exporta armamento a toda ralea de países: dictaduras, países en guerra, etc. Violando una vez más el derecho internacional, a la vez que proyecta reducir en la próxima década $845.000 millones en sanidad pública, mientras se pretende invertir más de $8.000 millones para ampliar muros o se construyen alambradas o se paga como a mercenarios a regímenes fronterizos para que ejerzan de imponente muro humano militarizado contra refugiados que se agolpan como un número, una cifra, como una indefinida masa humana sin rostro ni nombre contra estos muros que protegen la indiferencia, el miedo y la avaricia, cuando estos países ricos han destruido los países de origen en nombre de la paz y la democracia, como Irak, Siria o Libia, violando una vez más el derecho internacional; mientras sus gobernantes piden sacrificios a los mayores y sugieren dejarlos morir, ya que han de sacrificarse por mor del mercado y de la economía, algunos países, en fin, venden tratamientos patentados contra enfermedades por $150.000 como el Sovaldi para la hepatitis C de Gilead o donde se esconden historias como la del Tamiflu, grandes negocios de pandemias pasadas, organizaciones que, justificando dicho coste en I+D, cuando este es subvencionado generalmente por investigación universitaria o pública y posteriormente privatizada. Mientras tanto, otros países, sorprendentemente, parece que actúan de forma diferente ante la crisis.

 

Gobernantes de otros países, algunos de los indicados anteriormente, curiosamente siendo pobres, en desarrollo o siendo simplemente bloqueados o sancionados económicamente, parece que toman otros caminos en cuestiones de relaciones internacionales. Otros regímenes comunistas, tiránicos, dictatoriales, cuyos lideres suelen engullir niños, como es por todos conocido, preferentemente blancos, como algún país caribeño que, siendo tremendamente pobre, paradójicamente tiene una mayor esperanza de vida que su vecino el país más rico del mundo, paradójicamente tiene una menor mortalidad infantil que su vecino el país más rico del mundo, curiosamente siendo pobre como las ratas, es una potencia en materia biotecnológica, el descubrimiento de sus científicos en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnológica, está produciendo en una fábrica Sino-Cubana en Changchun y en cantidades industriales el Interferón Alfa 2B, medicamento cubano con el que se está curando a una gran parte de los enfermos Chinos y de otras nacionalidades infectados por el COVID-19, haya sido este creado en el éter o en laboratorio; otros acogen “refugiados” de países ricos, como desembarcando a un crucero británico infectado para tratarles; otros envían médicos en lugar de soldados a estos países ricos, como Cuba y China a Europa, otros países, curiosamente sancionados, como Rusia o China envían medicamentos, mascarillas a países ricos en Europa, algunos de ellos siendo sus propios sancionadores y por tanto verdugos de sus gentes mas débiles, otros como Venezuela parece que gestionan mas eficientemente que algunos como España, traer de vuelta a expatriados en el exterior con sus líneas aéreas nacionales Conviasa, las cuales paradójicamente no pueden entrar a EEUU por estar sancionados a recoger a venezolanos, muchos emigrados y contrarios al gobierno venezolano, que saben que pueden no ser atendidos o no podrán pagar por el sistema sanitario del poderoso vecino del norte, si este, en el hipotético mejor de los casos, tuviera capacidad.

 

Ante la previsible extracción de conclusiones tipo “vete a Cuba”, esto no es una defensa de dichos sistemas que, habitualmente coartan la libertad de sus individuos en grados similares a las llamadas democracias liberales pero de diferentes formas o métodos, unos reprimen y otros además de reprimir, impiden el acceso a una vivienda o un cama de hospital.

 

Esto es simplemente una reflexión sobre un comportamiento que debe llamarnos la atención, sobre una incapacidad del sistema económico y su subsistema político subalterno imperante, para permitir a su propia población obtener medios e instrumentos para su supervivencia y, no digamos, a la población de sus países vecinos donde la solidaridad entre gobiernos suele brillar por su ausencia. En esta gran familia europea, vemos nuevamente un sálvese-quien-pueda, con países denunciándose incluso por robo de material destinado a otros países, donde parece que solo la solidaridad de las personas en las diferentes comunidades evita que la hecatombe sea muy superior.

 

La zoonosis provocada por el depredador avance del hombre ante la naturaleza, ha generado en los últimos años graves epidemias o incluso pandemias, mostrando el frágil equilibrio que rige en los ecosistemas y poniendo al descubierto nuestra incapacidad, una vez más, para anticiparnos a un futuro ya presente y evidente.

 

Esto se produce en un entorno en el que nuestra ingente acumulación de riqueza, nos permite producir mas de lo que somos capaces de consumir y, por supuesto, mucho mas de lo que necesitamos, pero sin embargo, ni una fracción de lo que codiciamos.

 

Esto es la crónica de una pandemia anunciada, donde podría ser que mientras la naturaleza y sus ecosistemas son destruidos por un virus llamado hombre, la tierra quizás se defienda con unos anticuerpos a los que nosotros llamamos virus.

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